Ventanas de confinamiento

Dicen que la realidad a veces supera la ficción y así ocurrió con el decreto del confinamiento. Con él comenzamos a vivir una distopía que daba lugar a gran diversidad de tramas individuales, como las que aquí se recogen.

Así, en un tiempo marcado por la incertidumbre, pudimos saborear la alegría y el (re)encuentro con los otros y con nosotros mismos. Pasamos por momentos de paz y armonía, de reconstrucción de hogares y familias, de recuperar viejas amistades –con la inestimable colaboración de la tecnología– o de curar viejas heridas y coser algunos descosidos.

Vivimos la transformación de todos nuestros hábitos, ritos y costumbres, condicionados ahora por mascarillas y distancias. Redefinimos nuestras formas de relacionarnos y comunicarnos y dijimos «hasta pronto» a una gran cantidad de eventos y encuentros.

Experimentamos el ocaso temporal de la hiper-aceleración de la sociedad. Descubrimos el silencio y nos topamos con decenas de horas libres y con ellas el resurgimiento de nuestras habilidades y aficiones en forma de panes, pasteles, canciones, relatos, di-bujos o poemas.

La incertidumbre y el encierro ocasionaron tam-bién días de desesperación y angustia. De sentir las paredes más tupidas y los techos más bajos de lo que lo eran antes. Días de tristeza y de soledad, algunas menos deseadas que otras. Hubo días de añorar los momentos más simples y cotidianos con algún ser querido o incluso de lamentar pérdidas repentinas sin poder decir el último adiós.

También hubo tiempo para reflexionar sobre nuestros hogares. Para conectar con el espacio en que habitamos, hacer esos apaños que teníamos pen-dientes en casa, ordenar cajones y armarios o des-hacernos de trastos acumulados durante años. Asimismo, durante el confinamiento descubrimos la relevancia de las azoteas, antes olvidadas, la necesidad de ventanas y balcones y nos replanteamos vivir en espacios más cercanos a la naturaleza.

En ese sentido pudimos tomar conciencia sobre cómo tratamos a nuestro planeta y cómo nuestro estilo de vida se basa en la destrucción del mismo y en unos niveles de contaminación ambiental, acús-tica, lumínica o atmosférica insostenibles. En solo dos meses, mientras los peatones recuperábamos espacios públicos y las avenidas se vaciaban de coches, todo tipo de animales se animaron a reconquistar sus antiguos hábitats. Los pájaros doloridos volvieron a anidar en nuestras calles y escuchamos de nuevo sus cantos desde nuestras ventanas.

Estas son algunas de las tramas que vivimos durante este período distópico y con las que nos adentramos en esta antología. Desde diferentes artes y formas de expresión, desde la subjetividad de cada uno de los autores y las relaciones con su entorno inmediato, desde sus ventanas y balcones.

Una antología que sirve también para comprender al «otro», para recordar a los desaparecidos a causa de la pandemia y para sentirnos «parte» de una comunidad que respira el mismo aire y bebe el mismo agua. Que tiene, en definitiva, un destino común, pero que lo observa desde diferentes ángulos.

Gustau Pérez (sociólogo y politólogo)

ÍNDICE DE AUTORES

PRÓLOGO: GUSTAU PÉREZ PÉREZ
PREFACIO: ELENA TORRES
MILA VILLANUEVA
CÁNDIDO SOLAZ
JORGE ORTIZ ROBLA
VIKI RIVADULLA
EVA BISQUERT SANTACREU
LUIS CEBAQUEVA
ELIANA CEVALLOS
AMANDA FRISCHKNECHT
EMPAR ROCH
ANA MARÍA GÓMEZ-PAVÓN ALCOBER
ANA NOGUERA MONTAGUD
JOSÉ SANTANA GARCÍA
CARLOS SALAZAR
ISABEL BENAVENT
EMMA PEDREIRA
MARÍA ISABEL SANZ SÁNCHEZ
MARÍA JOSÉ PASTOR
SARA JUÁREZ
DANIEL MACHANCOSES
ÁNGEL PONTONES
ANTÓN DE GUIZÁN Y CLARA BLANCO VERES
GLORIA SEVILLA MUELAS
ABEL DÁVILA SABINA
RESU BELMONTE 153
GUSTAVO VEGA MANSILLA
ANDREA TORRES SAIZ
MILENA VILLALBA
ALONSO DE ROECK
ROBERTO MARÍN
AMPARO FERRER BÁGUENA
VICTORIA CANO
JUAN CARLOS ALONSO
EPÍLOGO: JOSÉ ÁNGEL GARCÍA-CABALLERO
MARÍA BELEÑA