Para cotidianizar los temores

Prólogo de Mila Villanueva

RESCATANDO EL VALOR

                                   A lo único que le debemos temer es al miedo como tal.

Franklin D. Roosevelt

  

Después de su anterior poemario: “Tránsito en la mirada”, publicado en este mismo año,  hoy nos sorprende María Ángeles con esta nueva obra, ya la número cuarenta dentro de su prolífica producción: “Para cotidianizar los temores”, un título que de entrada ya nos invita a la lectura. Elegir un título constituye todo un arte y se considera un oficio tanto dentro de la literatura como en el terreno de la publicidad,  la autora es arriesgada y creativa a la vez, por eso se inventa esta palabra: “cotidianizar”, que no existe en castellano aunque sí en portugués, como en su libro sobre creatividad aparecía como subtítulo “creactívate”, vocablo que tampoco recoge la R.A.E. Inventa esta palabra dándole el sentido de “tornar cotidiano”, aunque se le podrían dar múltiples interpretaciones. María Ángeles me confiesa además que con este título intenta hacer un guiño a la obra de María Beneyto: “Para desconocer la primavera” del cual hizo una brillante reseña en 1991.

  Y para cotidianizar los temores nada mejor que la palabra, el nombrar a cada miedo por su nombre. La autora escoge pues el lenguaje poético para ponerlos de relieve, y nada más lúcido que esta elección pues no en vano ya en Reino Unido, por ejemplo, los médicos de familia han comenzado a recomendar a sus pacientes arte y cultura, tal y como recetarían un ansiolítico o un relajante muscular.

  Este enfoque terapéutico llamado Social Prescribing, tiene como objetivo resaltar los beneficios que tiene el arte para una variedad de dolencias tanto físicas como psíquicas ya que acelera la curación, abre la mente y puede producir una profunda relajación.

  Múltiples son ya los talleres de escritura terapéutica utilizados tanto en bibliotecas como incluso en cárceles y hospitales, pues el valor redentor de la poesía es incalculable y como nos señala la autora en el poema que abre la obra: No hay jaula para el habla.

  El miedo se caracteriza por una sensación de alerta que nos advierte  de un peligro. Es una consecuencia de la evolución. Sin embargo, este miedo que parece protegernos también puede convertirse en inquietud cuando está asociado a lo que no constituye un verdadero peligro. Nos puede paralizar, bloquear y conducirnos a un stress sostenido en el tiempo derivando en las angustiosas fobias. Para evitar los problemas que conllevaría, debemos aprender a gestionarlo, y una de las formas es precisamente desdramatizarlo y comprender que lo compartimos todos los seres humanos. Esto es lo que nos hace ver María Ángeles en su obra donde presenta toda una galería de personajes bien diferentes pero unidos por un vínculo común: El temor, la incertidumbre o la angustia y que ella va dividiendo en apartados:

  El primer capítulo lo titula:

  Miedo a ser silenciado.

  Todos queremos perpetuar nuestra memoria, dejar huella, dejar el recuerdo, dejar nuestra herencia, pero tristemente las oportunidades no son idénticas para todos, nos dice Echevarría en el poema: Baile ácido. Pasar por este mundo sin pena ni gloria es lo más triste que le puede ocurrir al ser humano. Miedo a ser silenciado es en último extremo miedo a la muerte, pues todo aquello que no se nombra deja de existir.

  Este es el consejo que la autora le da al personaje del poema “Cine”:  Olvídate de lloviznas obsesivas. Pinta febril la risa.  Efectivamente el humor, la capacidad de reírnos es también uno de los últimos baluartes que nos protegen de la tiranía a través del miedo. Hilas con humor las nebulosas que me envenenan de vez en cuando, reza uno de los versos de: Testigo de mi vida.

   Miedo a ser uno mismo. (Segundo capítulo)

Como  el de esa actriz que confía en un chasquido y se olvida de sí misma en su escondite. Porque no bastan los zapatos, las pinturas, los corales inusuales para modular los hipos que nos sucumben.

  Precisamente en “Tránsito en la mirada” dice María Ángeles en el poema, Ser Otro:

Quise ser quien no era

Un tronco. Un manantial, Un precipicio

Quise ser tantas cosas que me rompí en pedazos

 y me costó toda una vida recomponerme.

   Ser nosotros mismos resulta a veces más difícil de lo que podemos suponer. Continuamente, nos vemos condicionados por factores externos y personas a nuestro alrededor que evitan que podamos  mostrar nuestro lado auténtico, pero solo conociéndolo  podemos vivir en armonía, aunque  en ocasiones nos coloquemos un antifaz nublado porque la autoestima se apaga y vemos y nos atrevemos a mirar. (Imagen tuya, imagen mía).

  Miedo a perecer. (Tercer capítulo)

 Un miedo arraigado en nuestro inconsciente desde el momento  primero del uso de la razón y sin embargo todos hemos de perecer, tenemos que afrontar nuestra condición efímera y si para algo debería servir el miedo sería para activarnos y hacernos pensar en todas las cosas que merecen la pena en nuestra vida. Sin embargo nos perdemos en guerras y guerrillas, y suponemos que los tesoros durarán eternamente derrochando sin mesura. Somos tan solo solidarios de etiqueta. Aquí asoma la poeta más reivindicativa porque la poesía también sirve para salvar parte de los valores que el ser humano ha ido perdiendo y al mismo tiempo denunciar a viva voz los males del mundo, como  las injusticias y todo aquello que  que no nos deja progresar como personas y esto lo sabe muy bien nuestra autora, pues nos advierte de que clama la campana sin ser oída …y nuestro mundo olfatea su palidez, hasa que quebrarse en añicos tristísimos y lúgubres…

  Miedo al olvido y a veces al recuerdo. (Cuarto capítulo)

   La atazagorafobia es el miedo excesivo al olvido, lo que incluye tanto miedo a olvidar, como el miedo a ser olvidado o reemplazado por los demás. A pesar de que se trata de una sensación común, la atazagorafobia ha sido poco descrita en el lenguaje científico. De hecho, ha sido más puntualizada por filósofos y literatos quienes hablan de la atazagorafobia como el miedo al anonimato eterno.

  Existe además un miedo enraizado en nuestra sociedad actual, el miedo al olvido de nuestra propia identidad, miedo al olvido total que constituye la dramática enfermedad de Alzheimer. Parece entreverse en este impactante verso de: Pequeños soportes de lamemoria: Un niño me dio la mano cuando me encontró en babia en el banco del parque…

   El dolor del recuerdo queda bien explicitado en el poema: Ciego, donde el personaje narrativo dice: En realidad no necesito nada, pero me gustaría tanto recordar el azul! Una imagen muy plástica y estremecedora a la vez. Es el dolor de la añoranza.

   Lo vemos también en el poema: A veces convendría olvidar….Sigue martilleando locamente y no podría parar su voz aunque quisiera. Algunos recuerdos, s. Algunos recuerdos deberían borrarse para siempre.

   Miedo a perderte (Quinto capítulo)

   Miedo a la pérdida que también es miedo a la soledad como observamos en el poema: Sola, donde el abandono se acomoda en la alfombra de esa nómada en la noche sin nombre, y sin norte.

  Superar el miedo a la pérdida y al abandono solo puede conseguirse si nos damos cuenta de los fuertes que podemos llegar a ser sin necesidad de depender de nadie. En ese momento todo cambia. Y por otro lado debemos comprender que nunca estamos solos en el universo, como dice la cita de Juan Ramón Jiménez, tan acertada, que María Ángeles escogió para abrir este capítulo: En este pozo diario estabas tú conmigo.

  Y vienen después esos miedos confusos, en el último capítulo, como los de ese vagabundo que actúa sin escrúpulos, que acusa sin escudo y adula sin laúd situado en la ruta del augurio…o como los de esa mujer que con la aurora y sin tostadas calza de nuevo sus zapatos. (Tacones pantanosos)

  En su libro el Miedo liquido, el sociólogo Zygmund Bauman sostiene la idea de que, a diferencia de los seres vivos (que sienten el miedo como un impulso que los ayuda hacia la huida en situaciones amenazantes), el hombre tiene la posibilidad de sentir un miedo diferente, dicho de otra forma, un miedo en segundo grado. El miedo se hace más profundo cuando es disperso, poco claro y no puede ser identificado con un lugar o un objeto concreto. Ahí pasaríamos del miedo al terror.

  Así pues, María Ángeles nos lleva con su mano izquierda,  a través de unos variopintos y variados personajes, bien definidos a pesar de la brevedad del poema, que arrastran sus miedos y a la vez nos sirven de espejo, nos ayudan a sentirnos menos diferentes, menos extraños, “menos asustados”. Un trabajo sutil y a la vez lleno de belleza. Otras veces parece ser ella misma quien nos habla desde del el fondo de alguno de los poemas: Cuando ahora en este mundo tan de otros, alguien pretende provocarme amnesia, vuelvo a mirar atrás para no olvidar nunca lo importante. (Al paso, al trote, al galope)

   Poniendo la mirada en el plano poético propiamente dicho y dado que la poesía también es forma y primordialmente ritmo,  vemos que la autora utiliza constantemente la metáfora, al igual que la anáfora y otras veces la antítesis, consigue la musicalidad con el ritmo de repetición, aliteración tanto de versos como de estructuras sintácticas. Otras veces repite alguna consonante: parodia con palabras al pensador, Parsimonioso perdona las paradojas, leemos en el poema Lector ingenioso, o bien pone de relieve las vocales, por ejemplo en Cine; la I: Mira, asimila el artificio que cautiva. La cortina desafía los perfiles.

   Versos largos rayando la narrativa, en realidad camina entre dos aguas, es un híbrido entre poesía y prosa poética. Echevarría consigue  hermosas imágenes y una prolífera adjetivación, que sorprende: elocuente y certera: Los rostros ojialegres de los otrosPobre hoja marmórea!…cómplice generosa de encendidas mejillas…Indómita moviola…

  Todo ello nos hace ver el concienzudo trabajo que se esconde tras esta obra, que cuantas más veces leemos más veces nos sorprende y además nos despierta, nos consuela y nos infunde valor.

  Porque necesitamos personas como ángeles, que pongan luz en nuestra oscuridad y nos hagan avanzar aún por tortuosos caminos al compás de las palabras, pues como dijo Marie Curie: “A nada en la vida se le debe temer. Solo se debe comprender”

  Como la misma autora nos recomienda en el poema: Tramo decisivo:

  Dejemos vagar nuestra mente sin miedo y caminemos descalzos por el tiempo que aún nos pertenece.

                                                                    Mila Villanueva